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¿Todos vamos al cielo?

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¿Todos vamos al cielo?

¿Por qué la gente supone que sus padres, abuelos, familiares, hasta el perro;  van al cielo cuando mueren? ¿Por qué siempre dicen “Que Dios lo tenga en su gloria”?

¿Es suficiente con ser una buena persona para ir al cielo, o al menos, evitar ir al infierno? Claro, esto tomando en cuenta de que existe Dios, el cielo y el infierno: pero si el lector no cree en nada de esto, igual le invito a leer, después de todo, ¿Qué puede perder?

Pero quiero concentrarme en la pregunta inicial. La gente tiene una vaga idea de lo que es el orden trascendental de las cosas. O, ni siquiera creen que tal orden exista, es decir, piensan según el determinismo, según lo cual todo está configurado para repetir un proceso predeterminado de nacimiento, desarrollo, reproducción y muerte. Según esta idea, la vida no tiene otro propósito sino el de cumplir esta finalidad y no hay nada más, ni arriba ni abajo.

Pero voy a continuar desarrollando lo de la vaguedad del orden trascendental de las cosas. La gente tiene una noción de lo bueno y lo malo, que existe Dios y el diablo y eso; pero es una noción bastante incompleta. ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo malo? Son preguntas, que si la haces a cualquier persona en la calle, no podrán responder con seguridad, rapidez y acierto. Dudarán, dirán “¿A qué te refieres?”, tratarán de responder en base a temas materiales y cercanos, como la conducta, el día a día o cómo deberían ser los políticos… o contrastando cómo la delincuencia y la inmoralidad que se ha adueñado de las calles. “ahora la gente hace lo que le da la gana” 

La gente no sabe lo que está arriba ni lo que está abajo. Ni siquiera sabe lo que está pasando a su alrededor. No estoy para acusar, sino para decir algunas cosas y creo que es hora de decirlas como son: hay un cielo, pero nadie va allí porque otros lo deseen, ni porque se haya portado bien en la vida ni por rezar a estatuas o escapularios o amuletos.

La mayoría desconoce un hecho significativo: la vida, tal como la conocemos y vivimos está incompleta, vacía, carente de sentido y orden. Es una vida en transgresión y por tanto, no puede conducir a lo bueno, aunque la persona haga cosas buenas.

Dios no te va a recibir en su casa, en su reino, porque hayas construido 100 hospitales o hayas salvado a mil personas de una masacre. Ni por ser un buen padre, ni por ser un buen esposo, ni por ser un buen hijo, ni por ser un buen vecino, ni por ser una buena persona. No funciona así.

La gente cree lo contrario. Es un problema histórico y educativo, inculcado desde hace siglos por una mala comprensión y tergiversación del cristianismo, sobre todo, Católico. “haz lo que diga la iglesia e irás al cielo”, desde ir al convento, como estudiar ciertas ideas solamente, o no leer la Biblia en otro idioma que no fuera el latín (a veces, hasta se prohibió su lectura), ir a guerras, cruzadas, condenar, acusar, hacer cosas, comprar cosas (se decía que comprar reliquias o imágenes católicas era una vía segura para ir al cielo. Por eso hoy en día la gente usa, casi de manera instintiva, un escapulario, una cruz o lo que sea) y la lista puede seguir hasta el cansancio. La iglesia católica se cansó de inculcar doctrinas sobre la salvación mediante obras, siendo la cumbre de esto, la venta de indulgencias, es decir, un papel sellado por el papa que decía que la persona que la compraba podría ir al cielo.

Ya conocemos parte de la historia que va desde aquí, pero es preciso hacer una pregunta, ¿Por qué la gente sigue creyendo en estas cosas? La respuesta es sencilla, la misma naturaleza humana. Es más fácil seguir creyendo en esto que buscar la otra vía. Es igual a lo que le pasa a la gente en una situación de catástrofe. Algunos eligen quedarse donde están, pensando que allí, quietecitos, no les pasará nada y los salvarán eventualmente. Otros deciden moverse, a pesar incluso, de estar heridos o desorientados y con miedo; de todas maneras, eligen moverse, pensando que tal búsqueda es lo que los va a llevar a la salvación.

¿Qué ocurre en esta situación, quién sobrevive? La respuesta es sorprendente porque es paradójica: sobrevive justamente el que se arriesga, el que busca, el que anhela, a pesar de todo, seguir con vida. El que batalla, vence.

Volviendo a nuestro tema trascendental, la gente no es capaz de ver el mundo espiritual, no puede ser posible, así que se aferra a lo que sí puede ver, a la lógica, a lo que tiene sentido. Entonces llega un razonamiento que causa la perdición de muchos: “Si Dios es bueno por naturaleza, significa que acepta sólo cosas buenas; por tanto, si yo soy bueno, entonces Dios me aceptará”. Muchos han pasado sus vidas, han desperdiciado sus vidas creyendo esta mentira.

Dios es bueno, es cierto; Pero sólo Dios y únicamente Dios es bueno. Nada más puede ser o sería bueno, más allá que en la creación encontramos la expresión “Y vio Dios que era bueno”. Pero esto no quiere decir que lo creado fuera bueno per se, sino su diseño. Nadie es bueno, aunque se haya comportado en su vida de manera ejemplar. No funciona así.

El problema es que la relación entre la humanidad y Dios está rota y no existe manera de restituirla, al menos no por obras. Pero sí existe una manera. Una vía, un camino por donde se puede andar hasta llegar al cielo.

Ese camino comienza en Cristo. Continúa en la palabra de Dios, es decir, la Biblia y sigue y sigue a medida que hablamos y andamos con Dios, hasta que la salvación es un hecho, no por obra, sino por gracia.

¿Qué es la gracia? Es un don, un favor, un regalo, un acto de generosidad. Eso es lo que distingue a Cristo como el personaje más resaltante de la historia de la humanidad. Su vida fue un servicio permanente de dones, de regalos, de gracia. La gracias de Dios llegaba a la persona no por su posición o sus obras; sino por su actitud, por creer que aquel galileo podía hacer las cosas, por imposibles que fueran, porque tenía ese poder, porque es el hijo de Dios.

¿Cuántas veces cristo hizo milagros o dio favores o dones sólo porque las personas, incluso sin conocerle, simplemente creyeron en Él? Dice la Biblia en el libro de Hebreos que sin fe es imposible agradar a Dios (11:6). La fe es creer que lo que no se ve, existe; es una convicción de algo que se espera (11:1). Es decir, creer de una manera radical, sin lógica, sin obra que apoye; es como el sobreviviente que decide emprender la marcha hacia cualquier parte, menos quedarse donde está, porque la quietud es la muerte.

Es como en esas casas donde hay una grande y hermosa Biblia, abierta en una página en particular, colocada en un atril, en un soporte, muchas veces tan hermoso como el mismo libro. ¿Dios valora eso? Hay partes del mundo, donde la gente sólo tiene una página de la Biblia… pero la cuidan como si sus vidas dependieran de ello, se la saben de memoria, literalmente se la han comido, la han asimilado, creen en esas palabras de manera total y sin reservas. Esto es lo que Dios valora, porque sin fe (creer radicalmente) es imposible agradar a Dios.

Digo esto, porque en muchos de esos hogares donde la Biblia está abierta sobre un soporte, simplemente el libro está allí. De vez en cuando es leído, a veces en familia. Otra veces, la página nunca es cambiada o sí, pero de tiempo en tiempo. ¿Qué significa esto? Tener cosas, hacer cosas, no salva; lo que salva es creer, reconocer, confiar… es la gracia.

Porque Cristo se entregó y se dejó matar para que la humanidad fuera salva. ¿Cómo funciona esto, de dónde sale tanto poder? Que Cristo haya hecho lo que hizo significa que confió en nosotros, creyó que nuestro sufrimiento es real, que nuestra condenación es un hecho y se sacrificó, se ofreció a sí mismo; no por un hecho altruista, sino porque tenía tal poder. Lo que es poderoso es el hecho de la muerte de Cristo no es que un hombre muriera por la humanidad, ni un representante de Dios. No, lo que muere en la cruz es precisamente Dios; hecho hombre, en la cruz muere Dios, porque Cristo es Dios. Y muere por nosotros porque confía, creen en nosotros, valora nuestra capacidad de creer y confiar y valorar semejante sacrificio; entonces eso es lo que abre las puertas del cielo, es la gracia, el favor, el amor.

Cuando reconoces que Jesucristo es Dios, que murió por ti en la cruz, para que obtuvieras la vida eterna y una nueva oportunidad, redención de tu sufrimiento y culpa y todo eso; cuando reconoces que este es el único medio de ir al cielo y salvarte y salvar a los tuyos (quienes tienen, por cierto, que reconocer lo mismo, porque esto es un acto individual, tú tienes que creer por ti mismo, no puedo creer por ti) es entonces en ese momento, que eres salvo. Ya estás caminando a la salvación, queda recorrer el camino, pues hay que perseverar, hay que buscar a Dios, porque sí lo puedes encontrar, sí puedes hablar con él, esa es la función de la Biblia. Pero este es otro tema.

Lo cierto es que debes creer que Cristo murió por ti, porque lo necesitas, porque sólo no puedes salvarte, porque es la única manera. ¿Qué vas a perder si crees? Creer en cristo (que es lo que significa la palabra cristiano, no es un religión) es un trabajo, hay que correr, buscar, ir por Él, no puedes quedarte en el mismo lugar: tienes que correr el riesgo que corre el sobreviviente cuando se va del desastre; pero como él, encontrarás salvación.

Y te lo digo porque me consta, esta verdad ha salvado mi vida. Así que te invito a dar un paso y comenzar tu camino de salvación, ¿Qué esperas?

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